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El agua en los alimentos. Sus riesgos y beneficios.


El agua es un elemento esencial para la vida y se encuentra presente casi en todas partes, por lo que los alimentos que consumimos diariamente no están exentos de ella.

Nuestro cuerpo recibe alrededor del 30% de los líquidos que necesita a través de los alimentos, por ello, es muy importante consumir una dieta balanceada que aporte la cantidad necesaria de líquidos a nuestro cuerpo.

Algunos alimentos tienen un mayor contenido de agua que otros, ¿de qué depende? De la cantidad de grasa contenida en el alimento, es decir, a mayor grasa menor contenido de agua, a la concentración de solutos y fibras, así como de los procesos a los que se haya sometido el alimento.

Existen 2 tipos de agua contenidos en los alimentos, el agua libre y el agua ligada.

El agua libre se encuentra en la periferia del alimento, ésta se puede eliminar fácilmente, se pierde a través del calentamiento y es la primera en congelarse. Por su parte, el agua ligada, es aquella que no se congela ya que está atrapada en una membrana muy viscosa que la protege.

La cantidad de agua libre de un alimento, está relacionada con el crecimiento de microorganismos en el mismo, por lo que un producto rico en agua, como podría ser un jitomate o una naranja, será más propenso a descomponerse.

Desde hace mucho tiempo se han implementado algunas técnicas de conservación de alimentos a través de la deshidratación, eliminando el agua libre de los alimentos para impedir el crecimiento microbiano, sin embargo, una de las desventajas nutricionalmente hablando, es que en menor gramaje de alimentos se concentra una cantidad de energía elevada. Por ejemplo, si deshidratamos 1kg de fresa considerando que la cantidad de agua libre fuera de 89.1%, quedaría tan solo 109 grs de fresa, equivalente a 473 kcal.

Otro punto que se debe considerar es la actividad del agua, que básicamente es el equilibrio de humedad en un producto y este depende de la composición, temperatura y el contenido de agua. Esta actividad tiene relación con las características de calidad del alimento como, color, olor, textura, sabor, tiempo de conservación e incluso, valor nutricional.

Cuando consumimos nuestra dieta diaria debemos asegurar que:

  • Los alimentos tengan un buen contenido de agua y electrolitos para favorecer una adecuada hidratación
  • La comida que nos llevamos a la boca se encuentre en buen estado, previniendo así que se presente una infección por el consumo de alimentos contaminados.
  • Que el valor nutricional del producto este dentro de tus necesidades diarias, sobre todo si se ha sometido a un proceso de eliminación de humedad.

En resumen, el agua contenida en los alimentos puede beneficiar el aspecto, sabor y calidad del alimento, pero también puede propiciar el crecimiento de microorganismos, lo ideal es comer los alimentos frescos, respetar su tiempo de consumo y evitar consumir alimentos que ya tengan un aspecto, olor o sabor desagradables.

Si llevamos una alimentación variada, podremos asegurar el 30% de consumo de líquidos que requiere nuestro cuerpo y complementar con el consumo de bebidas que aporten el agua y electrolitos restantes para una buena salud y óptima hidratación.

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